Clara llega y alguien ruega que sea Clara la mañana,
que ese sol que se despliega no lo encierre en
resolanas.
Larga vista pasa lista para ver que llegue toda
cordillera pluralista que en el bremer
se le acoda.
Se durmió en cuarto creciente un día o dos;
cuesta, a veces, despertar
con el paso adolescente, niña voz,
Clara mente a contrapié del malabar.
Clara rara, mala Clara, desganada carga el peso.
Oscurece cuando a Clara le abre el paso el torso tieso.
Clara dura, su cintura como un istmo incabalgable
de la Pampa a las alturas, cordillera irrazonable.
Dios creó el mundo en seis días y después
se sentó para admirar
en la esfera las estrías como un juez
de su métrica fusión molecular.
Clara rea bambolea al descuido de algún trote.
Cuello enhiesto es una tea sobre el Posnet
del escote.
Clara sucia, Clara oscura, monedita de dos Claras,
a las Claras no hubo argucia que jamás le encorsetara,
que apretara, mama mía, con unción,
como un beso en un cristal.
Va escuchando porquerías del malón,
Clara y cruz que algunas cargan. No está mal.