Resulta

que de un salto a catapulta

cayó el héroe en el gentío

de un otoño medieval.

En suma:

que se emparejó las plumas

y salió, menudo brío,

a buscar su hora fatal.

 

Tornado

de intenciones animado

por mandato inescrutable

de cumplir con su misión

sagrada,

sus arrestos y su espada

puso a hallar la mano amable

que blandiera su pendón.

 

Resulta

que entre bruna turbamulta

la princesa iba de feria

disfrazada de gentil.

Diretes,

dimes, velas y tapetes

regateaba, cosa seria,

mientras marzo se iba a abril.

 

Resulta

que entre más uno consulta

menos sabe y, piaste tarde,

te corrieron el telón.

La mina

baja la guardia, él la empina.

La novela está que arde.

La platea pide acción.

 

En suma:

—¿para qué gastar la pluma?—

que se vieron, se buscaron,

se sintieron el olor

con ganas,

que pasaron las mañanas

y a medida que pasaron

la que vino fue mejor.

 

Resulta

que no hay moraleja oculta

en el cuento ni cuentista

que lo cuente y para peor

termina

con cantor que desafina

malamente y sin dar pista

de lo eterno de su amor.