Entró al billar con ganas de llorar,

radiante en la desgracia.

Un día raro o fuera de lo que es normal

cualquiera puede tener.

 

La radio, allá, detrás del mostrador,

contaba su vida.

La duda eterna entre agenciarse un buen lugar

o remontarse al cielo.

 

Sardina

vestido de  conboy”.

“¿En dónde estás que no te encuentro, mi amor? Por favor…

Voy a morirme de vos”.

 

Subiendo y subiendo a la vez

que baja el suelo.

Tacones altos y promesas de chocolate

saliendo de la tina.

 

Un sicario de la Guardia Imperial

se arma,

desviste santos por poner en su lugar

a los bandidos.

 

Sardina

perdido en su ciudad.

“¿En dónde estás que no te encuentro, mi amor? Por favor…

Voy a morirme de vos”.

 

Sardina

sangrando la nariz.

“¿En dónde estás que no te encuentro, mi amor? Por favor…

Voy a morirme de vos”.

 

Sardina

vestido de “conboy”.

“¿En dónde estás que no te encuentro, mi amor? Por favor…

Voy a morirme de vos”.

 

Sardina

sangrando la nariz.

“¿En dónde estás que no te encuentro, mi amor? Por favor…

Voy a morirme de vos”.