En el círculo central, seguidor como un jején,

con sus piernas sin recorte y el motor de una F-100,

o al borde de la de cal (son dos ojos más que ven),

calladito como cabo en un retén.

 

No es torero, es picador. Dueño del último amén,

junto al Bocha o Maradona fue el ladero más fetén.

Una persona normal. Quizá puso un almacén

o una fábrica de guantes con Goyén.

 

Y en aquél lugar común él es siempre el calefón.

 

Fren, Fren, Fren, yo lo quiero más a Fren

que a los que los reflectores los enfocan donde estén.

Medio turbio pero leal, somos todos como Fren:

nuestro orgullo es que no hacemos todo bien.

 

Cuando un cumpa precisó, de ese cumpa fue sostén

y, aunque no se hable con Diego, sé que el Diez lo quiere bien.

Pónganle unas Adilette y una toga de satén

y es el Cristo de un barrial Jerusalén.

 

En el mundo de TyC todos saben quién es quién,

los de “Paso a Paso” gritan como Federico Klemm.

Una vez me regaló su casaca y yo, también,

la cambié por unos shor de Zermatten.

 

No le dieron ningún don. Él es siempre el calefón.

 

Fren, Fren, Fren, yo lo quiero más a Fren

que a los que los reflectores los enfocan donde estén.

Medio turbio pero leal, somos todos como Fren:

nuestro orgullo es que no hacemos todo bien,

nuestro orgullo es que no hacemos todo bien,

nuestro orgullo es que no hacemos todo bien.