Noé probó el vino...

Noé probó el vino que le dieron a probar.

Noé probó el vino,

un grande desatino…

Un grande desatino que le dio salida al mar.

Un grande desatino.

Y estando en altamar

Noé aprendió las olas y creyó

que el mar lo iba a tragar.

Mirando por la borda de su barco

vista gorda no hizo al marco

y empezó a lamentar

haber probado el vino.

 

Un dios omnipotente…

Un dios omnipotente, a Noé lo hizo pe(s)car

un dios omnipotente,

y a Noé dijo “insol(v)ente…

A Noé dijo “insol(v)ente, tu pe(s)cado has de pagar.

A Noé dijo “insol(v)ente”.

Y estando en altamar

Noé aprendió los libros y empezó,

de prepo, a predicar.

Jirafas y guayabas boquiabiertas

lo escuchaban en cubierta,

sin pudor, recomendar

su dios omnipotente.

 

No(é) era un hombre viejo…

No(é) era un hombre viejo al hacer puerto su bajel.

No(é) era un hombre viejo

que hartó con sus con(s)ejos…

Que hartó con sus con(s)ejos a los s(c)iervos de Israel.

Que hartó con sus con(s)ejos.

Y estando en altamar

Noé aprendió la lluvia y advirtió

que a él no lo iba a mojar,

y puso por su voz y de su lado

a su dios de los mandados

Pprque habría mucho que arar

y N(n)o(é) era un hombre viejo.

 

Noé murió y fue al cielo…

Noé murió y fue al cielo, según llegó a predecir.

Noé murió y fue al cielo.

“O me abren o me cuelo…

“O me abren o me cuelo”, dicen, dijo antes de ir.

“O me abren o me cuelo (o-o-o-ooo…).

Y estando en altamar

Noé aprendió ese miedo que nos da

a todos a pasar

y se inventó, como un capricho burdo,

su imposible dios absurdo

que lo puso a trabajar

y lo mandó pa’l cielo.