Ella y su ombligo dado,
siempre animado,
invitando a estar.
Ella y sus muslos siempre,
marzo a diciembre
canicular.
“Vamos a la esquina a pelear.
Tengo una cosa acá.
Vos… chabón… ¿Qué mirás?”
Ella y sus uñas tiernas,
su cuello exacto,
sus breves pies.
Ella con las amigas,
con los de cuarto,
con dos o tres.
Y ellos poluyendo de amor
las noches, y a las seis,
firmes rumbo al ENET.
“Vamos a la esquina a pelear”.
Y al otro día, a las seis,
firmes para el ENET.