¿Adónde vas, barrilete? Se acabó el piolín

y estás tan lejos, estás tan lejos.

¿Adónde vas? Vení a verte como San Martín

en los espejos sobre un blanco rocín.

 

Un chiquilín singular, las manos sin lavar

en los bolsillos, en los bolsillos

de chiquilín, carga el traje de los que no están

para esos brillos, que no pueden brillar.

 

“Yo les di hasta mi sangre aguada,

la abundancia del cuerno,

mi virtud y mis coordenadas

hacia el infierno, hacia el infierno”.

 

Chau, chiquilín. La cornisa se embarró de hollín

de tus papeles, de tus papeles.

Chau, chiquilín, bicho fuerte como que tu esplín

se hace Cibeles, sal fértil del mallín.

 

Como el tren y el túnel de luz,

Moebius que el abajo-arriba-abajo a la vez.

Como el cielo-el suelo-el cielo y el sol

como el  infierno, como el infierno.

 

¿Adónde vas, barrilete? Se acabó el piolín

y estás tan lejos, estás tan lejos.

¿Adónde vas? Vení a verte como San Martín

en los espejos con tu blanco rocín.